23 Mar 2016

Patrimonio del Cielo: aves silvestres en la ciudad de Panamá (I).

Patrimonio del Cielo: aves silvestres en la ciudad de Panamá (I).

por: Jorge Ventocilla

 

Antes de iniciar el artículo mensual,  quisiera hacer referencia a que en el lapso de las dos últimas Lunas han partido de este mundo dos seres humanos relevantes, de quienes habrá siempre muchísimo que aprender. Citaré tan solo una frase de cada uno de estos seres humanos, para que, ojalá, su partida no nos pase desapercibida.

De Humberto Eco, el sabio italiano, recuerdo siempre lo que una vez declaró de manera sencilla y contundente: “La industria de lo superfluo es la columna vertebral del sistema.” 

Por su parte Berta Cáceres, la activista indígena hondureña, al recibir el prestigioso Premio Ambiental Goldman 2015, afirmó: “En nuestras cosmovisiones, somos seres surgidos de la tierra, del agua y del maíz. Nosotros el pueblo Lenca somos custodios ancestrales de los ríos, resguardados además por los espíritus de las niñas, quienes nos enseñan que dar la vida por la defensa de los ríos es dar la vida por el bien de la humanidad, y por el planeta”. 

Eco murió en su cama a los 84 años, el 19 de febrero. Cáceres tenía la mitad de esos años, 42,  y toda una vida prometedora por delante cuando murió el 3 de marzo en la puerta de la casa de un familiar en Tegucigalpa, acribillada a balazos. Quienes la mandaron a matar estaban hartos de su defensa del  pueblo Lenca, de los ríos y de lo que ella llamaba “madre tierra”. 

Sin ellos dos, todos hemos quedado más pobres. ¡Y cuánto más podríamos haber aprendido de Berta Cáceres si no hubieran acabado con ella! Pero en nuestra querida latinoamericana defender la vida, todavía, puede pagarse muy caro. Y no todos, ni todas, están dispuestos a quedarse callados.

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Luego de estas palabras necesarias vamos ya al artículo de esta Luna Llena, que es una reedición, gentilmente autorizada, del escrito aparecido originalmente en la revista CantoRodado (No. 4, 2009), publicación anual del Centro de Investigaciones Patrimoniales del Patronato Panamá Viejo. Las ilustraciones (plumillas) son del maestro Ologwagdi.

“Hay una profusión de música de pájaros en casi todas las ciudades, aunque estoy seguro que muchos residentes no lo notan”, decía el filosofo Lin Yutang (1). Y no se equivocaba para nada. Con cuánto mayor énfasis se hubiera podido expresar  el maestro chino de haber vivido en la ciudad de Panamá, pues aquí se encuentra una considerable variedad de aves silvestres. Y así también, mucho “ruido de desarrollo” que no nos deja ni ver ni oír.

Nuestro escrito pretende ponderar a las aves silvestres que habitan en la ciudad capital y su relación con los ciudadanos humanos, haciendo énfasis en algunas especies. Queremos destacar la presencia de esos “otros habitantes” de la urbe, por ser un patrimonio valioso que amerita conocer y preservar.

La ciudad no borra los vestigios de lo silvestre. No lo puede hacer. Los mismos ciudadanos se encargan a veces de crear refugios, aun pequeños, para plantas y animales; y creo que lo hacen porque los saben y sienten indispensables. Bastaría con hacer una encuesta al azar sobre el significado y lo que evoca una planta tan sencilla como la hierba limón, para asombrarnos de lo que hay de significativo tras los vestigios de Natura en la ciudad.

Hablar de observación de ballenas a unos cientos de metros de la Cinta Costera en la antigua avenida Balboa puede que resulte inverosímil, pero sucede. Es tan real como el vuelo sobre nuestros techos de centenares de miles de aves rapaces en migración anual rumbo al Sur.  Me consta el avistamiento, el 2007,  de un jaguar en la carretera hacia Gamboa: es decir, a menos de 35 kilómetros de la Avenida Central ¿En que otra ciudad capital sucede algo así?

Pero la nuestra es una ciudad donde ha explotado un boom inmobiliario, poniendo en grave riesgo el entorno que alguna vez fue amable con el usuario. Y para el 2006 la población de automóviles había crecido más que la de seres humanos en los pasados veinte años (2), fortaleciendo aquello que experimenta cada día el ciudadano de a pie: que esta ciudad esta pensada más para los automóviles que para los seres humanos. 

Y los letreros comerciales de comida importada para perros, hoy cuelgan hasta de las señales de transito. Y a partir del 2006 en las áreas verdes – que son públicas y deberían ser entonces inalienables y fuera de la tiranía del mercado –, el Municipio, el propio Municipio, permite, aprueba y cobra por la instalación de vallas comerciales fijas de cemento y con luminaria. Hasta en los prados del edificio de la administración del Canal las han erigido: ¡Qué dirían de esto los Mártires! Quizás un día, quizás, nos dé un tanto de vergüenza la mercantilización de nuestra casa grande.

Hay una razón principal para aprender más sobre las aves silvestres y los otros elementos de la fauna y flora urbana: son indicadores del nivel de calidad de vida de todos. Siempre habrá aves en las ciudades, aun en las más contaminadas y deforestadas; pero es interesante que en esas circunstancias las pocas especies que queden serán - salvo contadas excepciones -, de coloración opaca. Por algo será que mantener colores y diversidad en el hábitat urbano no es gratis: exige atención, decisión y planificación. 

 

Algunas aves de la ciudad

 

El “talingo” (Quiscalus mexicanus)

¿Cómo deberíamos llamar a esta ave, quizás la más abundante en la ciudad? ¿Talingo o chango o changamé?  “Changamé” y “chango” son sus nombres populares originales. El talingo verdadero - del cual hay tres especies en el país, todas en el genero Crothophaga -, también es enteramente negro pero habita en las afueras de la ciudad y en los campos del interior. 

Parece ser que equivocadamente la gente de la ciudad comenzó a llamar talingo al chango, y el nombre de marras se hizo costumbre. Al contrario del Quiscalus, el Crotophaga no es agresivo y tiene mucho mejor fama entre los humanos. Por eso decía de él el escritor Chico Changmarín que “…Es tan poeta ¡Que hasta pone los huevos azules!” (lo cual es correcto).

Hoy en día el talingo abunda en la ciudad. Y como circula información errónea sobre esta ave tan prominente es oportuno hacer algunas precisiones. Primero, esta ave es nativa de Panamá, nadie la introdujo. Ni los estadounidenses trajeron talingos para controlar plagas en las bananeras, ni el presidente Arnulfo Arias los importó de Cuba allá por los años cuarenta para combatir una plaga de langostas, ni se escaparon de un barco colombiano anclado frente a Colón. El talingo ha estado aquí desde tiempos precolombinos y su rango de distribución natural va desde México hasta el norte del Perú (3). Hoy en día ha llegado incluso hasta el Canadá (4) - pero esa es otra historia.

El arqueólogo Richard Cooke reporta abundantes huesos de talingo en sus excavaciones de Cerro Juan Díaz, Península de Azuero, sitio con ocupación humana entre el 200 AC al 1,400 DC. De 150 huesos de paseriformes identificados,  40 % corresponden al talingo y fueron encontrados en “basureros” que únicamente contienen restos de alimentos (5). 

Segunda precisión: esta ave suele ser una molestia en parques públicos, además ensucia a los automóviles estacionados y ataca, mata y hasta se alimenta de aves menores. Es correcto decir que hoy el talingo con su abundancia y comportamiento, es una molestia y  tiene el potencial de depredar sobre buena parte de la avifauna urbana. Pero el ave no siempre fue así de abundante. Hay que preguntar a personas mayores: no había tantos talingos en la ciudad capital. Ya para los años de 1957, el educador y naturalista Moisés Tejeira (hermano de Gil Blas), autor de “Plumas y Cantos”, uno de los primeros libros sobre las aves de Panamá, señalaba: "Chango [usando entonces el nombre correcto], el enlutado cantor que tanto abunda en nuestra ciudad capital, donde se ha enseñoreado de varias zonas de La Exposición, Bella Vista y Las Sabanas" (6). 

En Penonomé, por ejemplo, su presencia comenzó a ser notable recién en la década de 1970 (7).  Y todavía los talingos están invadiendo áreas urbanas y semiurbanas del país. 

Agresivo, expansionista, omnívoro y abusivo, en la ciudad solo aves mayores que él en tamaño, o pericos y sinsontes, le hacen frente. 

Tercera precisión: prácticamente nada sabemos sobre la biología del talingo en Panamá. Solo existe una publicación: un estudio del comportamiento de bandadas en los alrededores del edificio de la administración del Canal, publicado hace mas de tres décadas. Parece increíble: el talingo, ave urbana numerosa como ninguna y probablemente la más problemática, es, técnicamente, casi una desconocida. Es claro que algo hay que hacer para controlar a este animal, pero ¿No deberíamos empezar por conocerlo, estudiarlo? 

Y no debemos olvidar que el talingo nunca vive en la selva, siempre está compartiendo espacios habitados por el humano. Y que se reproduce y se vuelve plaga a la par de la expansión del cemento y la disminución de las áreas verdes. ¿De quién es la culpa entonces? 

 

El halcón peregrino (Falco peregrinus)

Me escribió tiempo atrás un amigo, para preguntarme sobre lo que podía hacer para alejar las palomas domésticas que abundaban y eran una molestia en los aleros de su departamento, en Calle F, El Cangrejo. Y junto con la nota me envío la fotografía de un ave que no conocía y que también se posaba ahí. Era un halcón peregrino. 

No es excepcional la presencia de esta ave en la ciudad, pero vale pensar en lo que implica que sobrevuele entre nosotros. 

Es una especie que prefiere hábitats más bien abiertos y acantilados para anidar, pero desde hace un tiempo empezó a colonizar espacios urbanos, que como a las palomas, les recuerdan su hábitat original. ¡Mala suerte la de las palomas que uno de sus peores depredadores tenga los mismos gustos! 

Los peregrinos son cosmopolitas y se alimentan casi exclusivamente de otras aves, a las que capturan al vuelo. Anidan entre marzo y mayo, dependiendo de cuan hacia el Norte lo hagan. En Panamá tienen status de aves migratorias: no anidan, solo vienen cuando al Norte se instala el crudo invierno.

En muchos países las poblaciones de peregrinos decayeron a mediados del siglo XX. ¿La razón? El uso indiscriminado de pesticidas organoclorados como el DDT y el Dieldrin. Por su posición en la cima de la cadena alimenticia, los peregrinos están más expuestos a la presencia de  químicos en la carne de los animales presa. En aquella época las aves morían o al debilitarse la cáscara de sus huevos no se reproducían con éxito. 

Prácticamente se detuvo la reproducción natural de peregrinos al Este de EEUU. Pero el control de los pesticidas y programas de reintroducción sirvieron para recuperar las poblaciones. Sin embargo, la importación o producción y el uso de algunos químicos dañinos no se ha restringido en Centro y Sur América, adonde migran los peregrinos y nosotros vivimos. 

Desde Boston el ornitólogo Alberto Palleroni, a quien envié la fotografía, me indicó que el ave de Calle F de El Cangrejo, era una hembra de 2 ½ años, de la subespecie F. peregrinus tundrius, que reside en el Ártico durante seis meses al año y anida más arriba del Círculo Polar. ¡Tremendo viajecito se hace cada año hasta El Cangrejo! 

Y me contó también Alberto de otro biólogo, que vivía en un edificio alto de la ciudad de Panamá. Cada año este colega recibía la visita de un peregrino macho, que llevaba en la pata un anillo que indicaba que como polluelo había sido anillado en Ungava, al norte de Québec. Desde el alero del apartamento, el ave salía a cazar y traía aves y murciélagos. Entre ellos,  ¡especies que nunca habían sido reportadas para Panamá!

Mi amigo, el de la fotografía, solo quería un remedio para el ruido y la suciedad de las palomas en su apartamento. Pero trajo a tapete un interesantísimo ejemplo de la historia natural de ciudad de Panamá. Tengo la certeza de que si prestásemos más atención o el Municipio contase con un Naturalista Residente como sucede en otras ciudades, más historias reales como ésta descubriríamos entre calles y edificios capitalinos.

 

[seguimos en la próxima Luna…]

 

 

(1) Yutang, Lin 1976  La importancia de vivir. Editorial Sudamericana, Buenos Aires.

(2) Autoridad Nacional del Ambiente, Panamá  2006  Informe Anual

(3) Ridgely, Robert  1989  A Guide to the Birds of Panama. Princeton University Press. Segunda edición.

(4) Wehtje, Walter  2003 The range expansion of the great-tailed grackle (Quiscalus mexicanus Gmelin) in North america since 1880. Journal of Biogeography, 30, 1593-1607.

(5) Richard Cooke, comunicación personal  2006

(6) Tejeira, Moisés  1957  Plumas y Cantos.  Panamá: Imprenta Nacional.

(7) Isán Liao, comunicación personal  1992