22 Ene 2016

Sobre la declinación de los anfibios.

Por: Jorge Ventocilla

 

 

La declinación y - en no pocos casos -, la extinción de las poblaciones de anfibios a nivel mundial, es un hecho real y alarmante. Desde hace buen rato estamos ante una verdadera crisis, que afecta directamente como ningún evento atestiguado por nuestra especie a la diversidad biológica del mundo. Asunto trágico que bien pudiera ser síntoma de algo mayor y más complejo que sucede en la biosfera, y que nos incumbe y debería movernos a reaccionar. 

Conversemos a partir de esta Luna Llena, sobre tema tan relevante.

Cincuenta científicos lideres en el tema, incluyendo un representante de Panamá, el Dr. Roberto Ibáñez, señalaron ya hace una década en la prestigiosa revista Science (7 de julio 2006), que un tercio de las 5,743 especies de anfibios descritas para nuestro planeta estaban amenazadas. Indicando además que probablemente más de un centenar de especies se habían extinguido en los pasados 25 años. Ranas, sapos, salamandras y cecilias, organismos que en conjunto conforman a los denominados anfibios y que han estado presentes en la Tierra por más de 300 millones de años,  pueden desaparecer en la actualidad en un lapso de meses.

La alerta de los científicos comenzó a ser tema público en la década de 1980. Estudios realizados en la década siguiente – incluyendo estudios de campo realizados en Panamá por biólogos nacionales y del exterior -, permitieron comprobar que se trataba de una pandemia. Si bien hoy en día la comunidad científica está mejor documentada sobre sus causas y puede intentar predecir su dispersión geográfica, el mal avanza incontrolablemente. 

Ante una situación de esta magnitud, medidas tradicionales de conservación de la naturaleza como la protección de los hábitat, son esenciales pero no suficientes.  Lo sucedido a poblaciones enteras de anfibios nos indica que medidas urgentes e inmediatas, que recuerdan a la legendaria Arca de Noé, se tornan en la única alternativa factible para salvar ciertas especies.

Se reconoce que el problema es también resultado de la destrucción del hábitat de estos animales, de su sobreexplotación comercial y de los efectos adversos de la introducción de especies exóticas. Pero además, hoy sabemos que una enfermedad infecciosa causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, es la causa primaria de la declinación de los anfibios.  El hongo fue identificado en 1998 a partir de reportes simultáneos en Fortuna, al oeste de Panamá, y en Australia.  Estudios recientes sugieren también que el cambio climático mundial podría estar favoreciendo la dispersión y la persistencia del hongo.

Panamá es un país rico en especies de anfibios, algunas de los cuales sólo existen aquí.  Y existe un notable acervo de investigaciones sobre anfibios de Panamá; entre estos y desde hace tres lustros, estudios sobre la declinación de poblaciones.

Con apoyo constante y autorización de la Autoridad Nacional del Ambiente, ANAM, y bajo los auspicios del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, STRI, la doctora Karen Lips (Universidad del Sur de Illinois) y su equipo de trabajo, dieron seguimiento en Panamá al avance de la enfermedad infecciosa que ataca a los anfibios. Han documentado, por ejemplo, su efecto sobre los anfibios de Fortuna (Chiriquí), Santa Fé (Veraguas), y, entre el 2004-2005, de la región de El Copé (Coclé). Los estudios de la Dra. Lips revelaron la existencia de una predecible progresión geográfica en la infección, la cual, desplazándose desde Costa Rica y continuando hacia el occidente panameño a fines de la década pasada y principios de la actual, devastó las poblaciones de anfibios en los alrededores de El Copé a finales del 2004. 

En base a sus observaciones, se predijo que la enfermedad continuaría avanzando hacia el este, y que muy probablemente acabaría con los anfibios de los alrededores de El Valle de Antón en algún momento del 2006. Desafortunadamente, estas predicciones fueron correctas. En febrero del 2006 se encontró cerca a El Valle las primeras ranas muertas por causa del hongo. Y anfibios de la región de El Valle, incluyendo a la Rana Dorada (Atelopus zeteki), especie particularmente apreciada en el país, murieron en gran número sin lograr una forma de detener el efecto del hongo. Se esperaba que la enfermedad siguiese avanzando hacia el este de Panamá.

Muchas preguntas básicas sobre Batrachochytrium dendrobatidis aún esperaban respuesta en esos años. ¿De dónde vino originalmente? ¿Cómo se desplaza de un lugar a otro y dentro de las poblaciones? ¿Por qué es tan devastador para los anfibios tropicales que habitan a elevaciones medianas y altas? Se cree que la enfermedad puede expandirse a través de los propios anfibios, posiblemente también por intermedio de otro tipo de animales silvestres, o quizás vehículos, la gente o el ganado. 

[seguimos en la Luna de febrero…]