24 Dic 2015

Abundancia por naturaleza… (II)

Por: Jorge Ventocilla

 

Mariposas. Al menos 18 mil especies de mariposas han sido descritas en el mundo y de estas más del 10% habitan nuestro suelo. Desde niños en la escuela se recibe esa información de que el nombre del país significa “abundancia de mariposas”. A mí me parece más bien que lo que plantea Stanley Heckadon es más acertado: El vocablo “panamá” debe significar “abundancia”, tal cual.  

La mariposa Morpho (ese es su nombre genérico), es notable por la grande y azul. Merodea en la selva y en sus bordes, volando a lo largo de senderos, riachuelos y también sobre caminos y carreteras que cruzan áreas boscosas. Se ven con cierta facilidad y más en tiempo de lluvias en la carretera entre Summit y Gamboa. He contado más de una decena en ese trayecto. Existen cinco especies del genero Morpho en Panamá y es M. peleides la que más se observa.

texaseagle / CC BY-NC 2.0

Cuando alguna vez fui a consultarle sobre ellas a Annette Aiello, especialista en mariposas del Smithsonian en Panamá, ella me dijo: “Debes aclarar que el azul de esta mariposa es estructural, no es un pigmento”. Es decir, el color azul es resultado de un efecto de filtro de interferencia en las escamas de las alas, no es un color propiamente.

Como en todas las mariposas, las alas están recubiertas por minúsculas escamas superpuestas. En su parte ventral las alas de las Morpho tienen una coloración críptica que las hace que se confundan con el medio: tonos marrones y con tres a cuatro “ojos” falsos en cada ala. Pero por su parte dorsal las escamas de sus alas son completamente transparentes: todo el espectro de la luz pasa a través de ellas, salvo el azul que rebota a nuestros ojos y hace que luzcan azules. 

Entonces, la belleza de la naturaleza panameña es real: es la que vemos. Pero también, como lo demuestra el caso de la mariposa Morpho es la que no vemos.  O solo vemos su reflejo… 

Por ahí andaba también don Rogelio Sinán, cuando en su poemario “Onda” escribió: 

 

No eras

la rosa

eras su

reflejo

en el río

tú.

 

Monos de Panamá. Son ocho las especies presentes, la mayoría muy dependientes de hábitats selváticos. Aunque alguno es más tolerante, como el tití. Y una de las especies de monos de Panamá tiene una distribución un tanto extraña. Es el mono ardilla (Saimiri oerstedii), con poblaciones tan solo al oeste de Chiriquí y del que se piensa que se originó de ejemplares trasladados como mascotas desde la Amazonia, su teórico lugar de origen, por personas originarias  y en tiempos prehispánicos. 

Sergey Pisarevskiy / CC BY-NC-SA 2.0

 

Vive en Panamá también el único mono nocturno de América, el jujuná (Aotus zonalis). Y no tan lejos: hay algunos grupos de ellos en el Cerro Ancón.

Un lugar con un sinnúmero de estudios. Sin lugar a dudas Panamá es uno de los países más estudiados en cuanto a historia natural en todo el continente americano. Me arriesgaría a  decir que incluso del mundo. ¿Cuánta de esta información es parte del patrimonio de conocimientos de los panameños? Falta aun mucho por hacer para acrecentar el conocimiento sobre el patrimonio natural local. Y no solo por parte del que debe trasmitir la información sino también del que debe saber recibirla y dispersarla. 

Desde hace tiempo se dan serios esfuerzos por reforzar la “cultura ambiental nacional”, pero como todo esfuerzo educativo este choca, en estos tiempos post-modernos, con el híper-consumismo en que se ve envuelta buena parte de nuestra sociedad, sobre todo en las ciudades. Esta situación, enmarcada en una visión predominante de la vida puramente economicista, nos va “desconectando” a unos de otros y a todos del entorno natural tan rico que aun poseemos.

Es lugar común decir que “la naturaleza es sabia”. Y por supuesto que ella enseña. Habría que verla no más con atención: ningún organismo natural que por ejemplo, extrae más recursos de lo que su prosperidad exige. ¿Lucha entre especies y selección natural? Claro que la hay. Y depredación. Pero en condiciones no alteradas predomina en Natura, a la larga, una tendencia a la belleza y al balance.

La verdad es que ya no es tan abundante como alguna vez fue nuestra naturaleza.  Y algunas especies y ecosistemas están seriamente amenazados. En realidad, del porcentaje de selvas prístinas que resta en el país, habría que considerar las áreas que ya han tenido impacto, aunque el “cascaron verde” perdure. Por ejemplo, a veces queda el bosque en pié, pero la cacería excesiva ha acabado con varias especies de mamíferos y aves. Ni qué decir de los impactos adversos de grandes proyectos de extracción de recursos naturales, inconsultos y mal planificados.

En un recuento como este no se puede pasar por alto un detalle especialísimo de Panamá: el carácter excepcional de la naturaleza en la ciudad capital panameña y en sus alrededores boscosos. Atención, que hay pocas ciudades en los trópicos con este privilegio.

Einstein es uno de los pocos personajes que, sin ser actor de cine o futbolista, sus palabras son citadas a veces en las vallas comerciales unipolares de los corredores de la ciudad de Panamá. El dijo algo que aquí, ya para terminar, quisiera señalar: “Para subsistir, la humanidad habrá de tener una forma sustancialmente nueva de pensar”.

Panamá: un país pequeñito, relativamente poco poblado, con una naturaleza en la que predomina la abundancia. No olvidemos esta realidad a reconocer y cuidar. Realidad que nos desafía, engrandece y nos llena de oportunidades.