2 Jun 2015

Notas sobre el árbol jacaranda

(Foto: Flickr - karenblixen / CC BY-NC-SA 2.0)

Autor: Jorge Ventocilla


Hermano arbusto y hermana arena
hermano musgo y hermana fuente,
hermano río y hermana piedra,
hermano polvo y hermana gente.

Arturo Corcuera


Me apuro en escribir sobre este árbol, porque en este año, todavía, hay por ahí algunos florecidos, aunque estemos a inicios de junio. Se trata del jacaranda (Jacaranda caucana), de la familia Bignoniácea, un atractivo árbol tropical sembrado como ornamental en calles y parques del país.

De mediano tamaño - ni tan prominente como un corotú pero de más cuerpo que un nance - tiene el tronco recto, de hasta unos 50 cm de diámetro, y bastante ramificado. La  copa amplia es mas bien alargada y tiende a caer hacia el suelo.  

Sus hojas están ausentes durante el verano porque el árbol las suelta para no perder demasiada agua por transpiración durante la sequía; estas son pequeñas y terminan en punta. Sus flores de color púrpura, reunidas en “panículas terminales”, como dirían los, y con corola en forma de campana, destacan - casi estallan - por su intenso color. 

Tras las flores, pero no enseguida, hay que esperar semanas, vienen luego las atractivas frutas: unas capsulas leñosas planas, como torrejas de madera, que se abren un poco en dos partes dejando expuestas las semillas.

Árbol originario de América tropical (hay muchos en la región norte de Suramérica), hoy en día el jacaranda se siembra como ornamental en muchas partes del mundo. Muy cerca, en Colombia, se le llama “gualanday”, y por lo que he escuchado y leído allá se le estudia y usa mucho en medicina natural. En Costa Rica al igual que en Panamá, tiene más bien un valor ornamental. En Venezuela, le llaman “flor de la cruz”.  

Todavía anda viajando el arbolito. Mencionaban en un articulo que consulté para preparar este texto, que recién en 1977 se le reporta por primera vez en la República Dominicana.  Alguien que lo vio en floración por otros lados del continente debe haberlo llevado hasta allá.