16 Mar 2014

Adelante, veraneras

Por Jorge Ventocilla

“Hace millones de años que las flores fabrican espinas. Hace millones de años que los corderos comen igualmente las flores. ¿Y no es serio intentar comprender por qué las flores se esfuerzan tanto en fabricar espinas que no sirven nunca para nada?” Así se interrogaba El Principito por primera vez hace 71 años y desde entonces su pregunta flota en el éter para, de tanto en tanto, caer en una mente que se abre. Y entonces Antoine de Saint Exupery, padre del Principito, vuelve a nacer.

Milagros que logra la literatura, no menos reales que las veraneras que en este mes de marzo lucen sus más galanas  flores.

La planta es una enredadera de la familia Nyctaginacaeae y en muchos países se le conoce por su nombre genérico: Bougainvillea.  En realidad, son unas 250 especies propias de América del Sur, en particular Brasil, si bien solo unas pocas se utilizan en jardinería.

Fue nombrada en honor de Louis Antoine de Bougainville, personaje comisionado por Luis XV para dar la vuelta al globo en una misión tanto geoestratégica – por no decir colonial - como de recolección científica.  Philibert de Commerson, naturalista en el viaje de Bougainville, se encontró con la veranera en Río de Janeiro y la nombró con el apellido del jefe...

Fuerte y siempre verde, es hoy una de las enredaderas más populares y se le siembra en jardines de zonas tropicales y subtropicales del mundo entero.

Hay un detalle interesante que vale destacar y es que en las veraneras, lo que llamamos “flores”, en realidad no lo son: son brácteas (hojas modificadas que semejan pétalos). Las verdaderas flores son muy pequeñas, blancas, semejan diminutas trompetas (amarillean con el tiempo) y se agrupan de tres en tres al centro de las brácteas. Primero salen las brácteas, luego de su interior salen las flores. Mírelas bien y las encontrará.

Las brácteas vienen en una amplia variedad de tonos, desde el naranja hasta el violeta intenso pasando por toda la gama de rosas y rojos. Entre otras especies están la Bougainvillea glabra de brácteas púrpura-rosado; B. sanderiana, de color rosa fuerte a rojo; B. spectabilis, de color rosado; y las B. variegata y B. harrisii, cuyas hojas vienen en dos tonos.

Tengo la impresión de que es en los trópicos donde existe más variedad de colores. Una colega botánica, originaria de Chile, me contó que llegando a Panamá quedó impresionada con la diversidad de colores, pues allá en su tierra solo las había de color púrpura. Seguro, también los jardineros y especialistas han creado nuevas variedades en las ultimas décadas. Yo recuerdo que allá por 1975 me tocó ver veraneras recién sembradas en el malecón al inicio de Las Bóvedas, en San Felipe; hoy esas plantas tienen un grueso tronco y su follaje da sombra a propios y visitantes que por ese paseo caminan.

Casi todos hemos aprendido, con dolor, que la veranera tiene espinas. Estas le sirven para trepar enganchándose en otras plantas. Enredadera al fin y al cabo, si nos descuidamos ella sube y sube, hasta que de repente nos encontramos, como me dijo una vez mi amigo el naturalista chitreano Francisco Delgado, “…con un pino bien floreado arriba”.

Para crecer nada mejor para ella que luz intensa y directa, y buen riego pero sin anegar la tierra. Crece a partir de estacas y con esta planta se logran también atractivos bonsáis.

No conozco a la persona que tiene a su cargo el ornato y la jardinería en la Ciudad del Saber pero ¡qué buena idea fue sembrar veraneras a todo lo largo de su cerca frontal! Así, quienes por ahí pasamos podemos disfrutar, ahora, del espectáculo de los colores de las veraneras. Hasta hace 15 años lo que esos edificios y su cerca traían a  la mente eran otros recuerdos, no gratos. ¡Poder transformador de recuerdos el de las flores, también!

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