19 Sep 2013

Yehudi y los Tiburones

Por Jorge Ventocilla

Yehudi Rodríguez no tendría más de siete años cuando vio en la tele un programa de National Geographic el cual - me dijo - marcó su vida: dentro del mar, unos buzos mataban tiburones.

-“¿Pero por qué los matan si los tiburones están en su casa?” preguntó la niña a su papá, que estaba cerca y da la casualidad que también era buzo. “Y tú ¿has matado algún tiburón?” volvió a inquirir sin esperar respuesta.  “Uno” contestó el padre, agregando para sí: “…sin justificación.”

-“Cuando yo sea grande voy a proteger a los tiburones” dijo Yehudi y dio por terminada la conversación.

Diez años más tarde, Yehudi estudiaba biología en la Universidad de Panamá y el padre, que seguía siendo buzo le recordó la anécdota, dejándole  saber además de una promesa que había hecho y cumplido: no volver a matar un tiburón.

Aunque no pudo hacer la tesis en tiburones como hubiera querido, porque otros temas atraían la atención de sus profesores, Yehudi tuvo la oportunidad de conocer a un profesor visitante, mexicano, que sí los estudiaba, el Dr. Carlos Villavicencio. Y con su ayuda y tras terminar la licenciatura, logró viajar por tres meses a México (con préstamo  del IFARHU) y recorrer los campos pesqueros. Al regresar hizo un voluntariado en el laboratorio de biología molecular del Smithsonian,  sin dejar de perseverar en su meta de especializarse en tiburones.  Y logró una beca de la OEA para volver a México a realizar la maestría, estudiando tiburones, en la Universidad Autónoma de Baja California Sur.

De regreso al terruño saltó una nueva oportunidad: un amigo le informa de un aviso en los periódicos, que parecía dirigido a ella en particular entre los más de tres millones de nacionales. Decía, palabras más, palabras menos: “ARAP [la Autoridad de los Recursos Acuáticos] requiere los servicios de profesional con conocimiento en tiburones.”

Obtenido el puesto, su primera asignación fue elaborar el Plan de Acción Nacional para la Conservación de Tiburones. Y fue en la ARAP que propuso y logró, la incorporación de tesistas de biología en labores de investigación, propiciando así oportunidades que en su momento, cómo estudiante, ella no tuvo.

En Panamá el “aleteo” de tiburones comenzó a inicios de la década de 1980 y aunque sus dramáticas consecuencias no son siempre conocidas por el normal de los ciudadanos, es grande el impacto sobre las poblaciones de estos animales y sobre el ecosistemas, donde los tiburones ocupan lugar notable en la escala trófica. “En sus comienzos la pesca de tiburón tuvo otro objetivo”, me dijo Yehudi. “En la década de 1940, el aceite de hígado de tiburón, rico en vitamina A, era un producto en demanda a nivel mundial. Posteriormente, éste se logra elaborar de manera sintética, dándoles un respiro a los tiburones. Pero fue en los años setenta cuando empieza fuerte la demanda por las aletas de tiburones para suplir el mercado oriental, donde se prepara con ellas la muy simbólica sopa de aleta de tiburón.”

La FAO reporta que unas 839,517 toneladas de tiburones  son capturadas por año, pero se estima que otras 285,000 toneladas al año adicionales no son reportadas. En Panamá muchas personas desconocen que aquí  se pesca tiburones en grandes  cantidades; y mucho menos saben que ocurre el mentado “aleteo”.  A pesar de las regulaciones existentes, persiste un mercado negro.  

“Fundaciones como MarViva han contribuido a que más gente conozca del tema, pero todavía el desconocimiento general es grande”, afirma Yehudi. ¿Cómo está la situación en el resto de Centroamérica?, pregunto. “En la actualidad y también debido a la sobrepesca, la atención se ha enfocado en los tiburones recién nacidos o “neonatos”; prácticamente en toda Centroamérica se da la pesca de neonatos.  La situación es alarmante sobre todo para el Sphyrna lewini o tiburón martillo común.  Pero sean  grandes o pequeños, su situación es crítica a nivel mundial.”

Actualmente existen ocho santuarios de tiburones en todo el mundo, estos son: las Bahamas, las Maldivas, las islas Marshall, Palao, Dominica, Tokelau, Honduras y la Polinesia Francesa.  No pocos  países han aplicado fuertes regulaciones para controlar la pesca de tiburones. A nivel internacional intervienen también las regulaciones de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), de la cual Panamá es signataria.

En Panamá existe el prejuicio de que como este animal consume “gente”, el consumo de su carne es repudiable. “Pero lo que muchos ignoran es que con frecuencia cuando consumimos ceviche de corvina suele ser de tiburón, más que nada de neonatos y juveniles. Además, en mercados y en cadenas de supermercados se ofrece carne de tiburones, medianos y chicos - siempre y cuando sea carne blanca, nunca de tiburón de carne oscura -. A esta se le conoce como corvinata o cazón”.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

En la segunda parte de esta entrevista, Jorge Ventocilla le pregunta a Yehudi Rodríguez, qué podemos hacer nosotros frente a este grave problema. No te lo pierdas en nuestra próxima Luna llena.

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