16 Ene 2014

Un águila pescadora sobrevuela entre nosotros

Por Jorge Ventocilla

De pronto una de estas mañanas o tardes de fin de semana, la dedicamos a buscar y conocer esta interesantísima ave, la cual puede ser vista también en los alrededores del Biomuseo. Así es: si presta atención y tiene paciencia le aseguro que un día verá un águila pescadora en la ciudad, si acaso no la ha observado ya.

Difícilmente se confundirá. Toda ave grande volando en la ciudad con algo entre las garras de las patas, será un águila pescadora. Pandion haliaetus es su nombre en latín. Pandion es un personaje de un mito griego y haliaetus resulta de la combinación de dos palabras: halos (mar) y aetos (águila).

Son aves grandes, de 145 a 170 cm de extremo a extremo de las alas abiertas. Los machos pesan entre 1.6 a 2 kg y las hembras un tanto más. A diferencia de otras rapaces tiene las alas largas y delgadas, lo que le permite migrar sobre el mar por grandes distancias impulsándose con sus propios aleteos. Cosmopolita, el águila pescadora anida en todos los continentes, pero en América no lo hace al sur de Guatemala, teniendo entonces status de ave migratoria en Panamá. Y si bien es más frecuente durante el invierno norteño, algunas se quedan, por lo que se les puede observar todo el año.

Ciertamente es un espectáculo verla en la antigua avenida Balboa o en el Parque Omar, cruzando en vuelo pausado con su lonchera que es un pescado fresco en las garras. Sus garras tienen la piel rugosa y con espinas, lo que le permite sujetar bien a los peces que son su escurridizo y único alimento.

Da vueltas planeando en el aire y cuando divisa un pez que amerita, se lanza hacia el agua desde lo alto, estirando las patas y abriendo bien las garras poco antes de golpear la superficie. Luego vuela hasta la rama de algún árbol alto - que suele ser el mismo -, para comer en paz, comenzando por la cabeza y terminando por la cola.

Como sabemos los conocedores, cada quien tiene su estilo para comer pescado…

Conocí una de estas águilas que comía sus presas en un enorme corotú de la calle Luis Felipe Clement, en Ancón, cerca de la antigua PTJ. Pero a este árbol el “progreso” se lo llevó de encuentro hace unos años porque se iba a levantar en su lugar una clínica de la vista (sic); no se preguntó a ningún vecino, mucho menos al águila. Supe de otra águila pescadora que volaba hasta el Parque Omar para comer en otro árbol grande. Y seguramente algunos lectores de este libro conocerán de otros “comederos” de estas espléndidas aves.

Y atención, que no solo pescan en el mar: se les observa también en cuerpos de agua dulce, por ejemplo en el Canal y lagos aledaños. Hace unos días la vimos con la familia en el lago Bayano: adjuntamos una foto de esa oportunidad.

Entre los años de 1950 a 1970 las poblaciones de estas águilas disminuyeron marcadamente. Así, el 90% de las parejas en reproducción desapareció de las costas entre Nueva York y Boston. Los estudios determinaron que la causa era el uso intensivo de DDT y cuando este compuesto químico fue prohibido en Estados Unidos las poblaciones de varias especies volvieron a recuperarse.

Lo que debe preocupar es que el DDT sigue vendiéndose en países al sur del mundo, afectando por igual a aves y seres humanos.

Fíjese en las cajas de fósforos marca “El Gavilán” que usamos por estos lares: llevan una ilustración adelante pero no es propiamente de un gavilán sino, justamente, de una águila pescadora en plena arremetida.
 

Galeria de Fotos: 
Un águila pescadora comiendo su pescado fresco en un árbol de la calle Luis Felipe Clement, en Ancón. Foto de Chelina Batista.
Presa en garra, también en el Lago Bayano. Foto de Elisabeth King
Sobrevolando el Lago Bayano. Foto de Elisabeth King.