20 Mayo 2016

Sobre el precio de algunas cosas…

 

Foto por Forest and Kim Starr CC BY 2.0

“Una de las grandes conquistas de la estética contemporánea, secretamente fiel a los ideales de la democracia, es la capacidad de encontrar belleza y poesía en los seres anónimos, en los rincones humildes, en la multitud de destinos y de decorados que componen la trama multitudinaria de las ciudades modernas”

William Ospina

Hace un tiempo y mientras leía sobre la hierba limón, me dio curiosidad y pregunté a varios amigos por el lugar que esa planta, tan común y sencilla, ocupaba en sus vidas. Por teléfono, correo electrónico o hablando cara a cara, eché a volar la pregunta: ¿Qué representa para ti la hierba limón?

 

Héctor Collado es un poeta amigo a quien por ser un poco gordo siempre he llamado, con aprecio, “Poetón”.  Héctor contestó así …“Me recuerda la infancia, los días en el campo, las vacaciones de verano cuando en las tardes la abuela preparaba infusiones de la olorosa planta. La bebíamos con azúcar y leche. Todas las tazas que queríamos. Aún hoy me hace regresar a aquellos lugares o me devuelve a la infancia, que es ese tiempo en que las madres son bellas, los abuelos aún viven y uno puede hacer magia con el tiempo y convertir los árboles y los arbustos en fortalezas inexpugnables o monstruos fabulosos, porque somos niños”.

 

Argentina Ziegler Palacios reside desde hace muchos años en Nueva York y tiene uno de los oficios más nobles que en el mundo hay: escribe libros para niños. Ella me dijo: “Mira Coqui [así me llaman familiarmente], de niña la tomaba casi todos los días y cada vez que voy a Panamá la tomo por lo menos una vez al día. Tengo un primo que vive por estos lados de Nueva York y tiene una enorme hierba limón en una maceta en la cocina. Es mi bebida obligada en esa casa”.

 

Mirna Santana es un poco duende y un poco botánica.  Estudió biología en la Universidad de Panamá pero su aprendizaje de las plantas comenzó muy temprano, con su abuelita materna. “Cuando era muy niña,” – me dejó saber – “allá en Santa Rita de Antón, íbamos cada tarde con mis hermanas a casa de los abuelos. Mi abuelita nos daba galletas o pan con mantequilla, con te de limoncillo.  Y mi abuelito, sentado en su mecedora con nosotros alrededor nos contaba del Tío Conejo, el Tío Tigre, y otros cuentos de duendes y brujas. Esa planta es parte inseparable de todo aquello. Más tarde en Puerto Rico, donde hice la maestría, la señora Benita, quien limpiaba la estación científica, plantó hierba de limón ‘para que yo tuviera compañía’ - ella sabía que me gustaba mucho. Hay muchas cosas detrás de una hierba de limón”. …Añales que no veo a Mirna, pero se que donde esté vivirá rodeada de plantas. 

Andrea Nguyen. CC BY 2.0

Foto por Andrea Nguyen CC BY 2.0

El profesor Milciades Pinzón, sociólogo del Centro Regional Universitario de  Azuero, me escribió lo siguiente: “Está muy ligada a la cultura del panameño, en especial del interiorano. Con la hierba de limón pasa igual que con algunas aves: no sólo forman parte del entorno biológico, sino del entorno social. La hierba de limón [atención que aquí el sociólogo se torna en poeta], es el recuerdo de la abuela y la madre. Trae a la mente los velorios interioranos, con toda la emoción que ellos concitan en nuestra alma de dolientes. Piensa uno en los gatos purgándose con ella, como si en efecto adivinaran los efectos medicinales de la planta. …Creo que en esto de las plantas medicinales existe toda una cantera de emociones y un mundo por descifrar, que aún no ha sido suficientemente analizado”. 

 

Don Milciades ha escrito varios libros. Conozco bien su Con las Cutarras Puestas (Editorial Universitaria, 2002), libro en el que no faltan referencias a las migraciones de mariposas en agosto, al corotú, al impacto sobre la fauna de la carretera Divisa-Los Santos, y muchos otros detalles del mundo de Azuero. Sin duda él sabe mejor que yo, del valor que pudiéramos dar a plantas como la hierba limón.

 

Todas estas personas a quienes pregunté viven en ciudades. Algunas pequeñas y otras gigantescas, como Nueva York. Todos recuerdan a través de la hierba limón un mundo que parece más amplio, con más tiempo y más humanidad, que el mundo urbano actual. 

 

¿Qué precio dar a esas plantas - o a esos animales, pudiéramos decir - que incluso a veces siendo nuestros vecinos en la ciudad forman parte raizal de nuestra memoria personal y colectiva?  

 

Aunque el mal desarrollo borre a su paso bosques cercanos a la ciudad o parcele hasta el mar. O absortos ante la tv y los escaparates del último Mall que inauguraron nos perdamos a veces la vida real. De todas maneras, siempre vamos a requerir de la naturaleza y lo que ella nos evoca, sea en el campo o en la ciudad. 

 

Y estas pequeñas cosas como la sencilla hierba limón, están mucho más allá del hoy omnipresente dios Mercado: no tienen precio.

 

 

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