15 Abr 2014

La caracucha

Por Jorge Ventocilla

Hablemos de la Caracucha, o Frangipani, árbol de la región comprendida entre México y Panamá que en esta Luna suele florecer más en el patio local. Justamente en estos días, en viaje hacia el Biomuseo, me topé a lo lejos con un elegante árbol muy grande y florecido de caracucha.

No tengo idea de dónde procede el termino caracucha pero su significado tendrá. Frangipani deriva del francés “frangipanier” – leche coagulada – en referencia al látex que emana de las ramas cuando se las desgarra.  Su nombre genérico es Plumeria (en honor a Charles Plumier, 1646-1704, misionero y botánico francés que trabajó en el Caribe). La especie es rubra, del latín, y alude a las flores de la variedad de esa coloración.

Aunque en Panamá la especie es nativa y propia de las zonas secas, no se le ve en los bosques aledaños a la ciudad. Más bien, es una ornamental de jardines y calles.  De tanto cultivo e hibridación sus flores se presentan ahora no solo blancas sino también rosadas y hasta amarillas.

Mencionan colegas botánicos del Smithsonian que en la Carretera del Oleoducto (Parque Nacional Soberanía), hay una rara especie nativa de caracucha, Allomarkgrafia plumeriiflora, de hojas idénticas a las de la caracucha de la ciudad.

Por sus bellas flores, en Hawai hoy se siembran y exportan alrededor de 100 variedades de Plumeria. Allá y en Java utilizan las fragantes flores engarzadas en collares, para honrar huéspedes. Las flores se comen, cocidas con azúcar. En Norteamérica elaboran con ella una serie de productos para el cuerpo (de la “Body Shop”), incluyendo aceites para masajes. La madera es dura, compacta y de textura muy fina, amarillo-marrón con veteados púrpuras oscuros.

Más cerca, en Alanje, Chiriquí, hacen de sus flores adornos para el Santo Cristo Milagroso al cual celebran en Semana Santa. María Stapf, botánica de profesión y alanjeña de origen, me cuenta que mujeres y niños preparan “ramos” de hojas de palma con flores de caracucha incrustadas.  También hacen el “pomo”, una calabaza finamente forrada con flores invertidas, para la cabecera del Cristo.  Esta tradición pasa de generación en generación en Alanje, y para mantenerse viva requiere de la siembra y cuidado de árboles con flores de distinto color.  Vean pues aquí apreciados lectores, otro beneficio de la reforestación.

Por igual razón de uso, a la caracucha le llaman “flor de templo” en algunos lugares de México. El mismo nombre se le da en toda Asia Tropical, donde sus flores adornan templos hindúes. Es interesante saber que árboles de estos lados se utilizan hoy  muy lejos, para honrar visitantes y agradar a los dioses.  “Fragancia del cielo producida en la tierra”, dijo un poeta de la caracucha.

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