5 Feb 2015

El Marañón Curazao

 

Por: Jorge Ventocilla

Los árboles del marañón curazao producen frutos en estas semanas de inicios del verano. Syzygium malaccense es su nombre en latín y pertenece a la familia Myrtaceae; viene a ser algo así como primo hermano de la pomarrosa (Syzygium jambos), árbol de fruta pequeña y fragante que huele y sabe a pétalos de rosa, pero que no es muy común en la ciudad capital. Por cierto, me consta que uno puede comprar pomarrosas en el mercado de David. 

 

El marañón curazao lleva otros nombres regionales, como manzana de agua (Costa Rica), marañón japonés (El Salvador), pomarrosa malaya (Puerto Rico), pomarrosa de Malaca (Colombia) y pomagás (Venezuela). En inglés se le dice malay rose-apple o mountain apple; jambosier rouge o pomme de Tahiti, en francés. 

 

En el archipiélago Malayo, de donde es originario, se le conoce como jambu merah o jambu bol.  Eso de “curazao” que se usa por estos lares quizás le fue asignado en las Antillas, camino hacia el istmo. El ¨marañón¨ a secas, por otro lado, de cuya fruta tanto disfrutamos comer el pedúnculo tostado - el conocido “cashew” - sí es nativo de América. Pero nada que ver con el marañón curazao; pertenece a otra familia botánica, Anacardiaceae, y su nombre en latín es  Anacardium occidentale (viene a ser primo entonces del jobo y del espavé).

 

El marañón curazao es árbol de crecimiento rápido y en plenitud alcanza más de 15 metros de altura. Solo crece en clima tropical y tolera suelos pobres. Las semillas germinan sin mayor problema, siendo entonces uno de esos árboles que fácilmente se pueden germinar en casa y luego compartirlos con amistades que tengan espacio donde hacerlos crecer.

 

Se cultiva en diversos países de América tropical, tanto por su fruta como por su valor ornamental en calles y avenidas. En la literatura se reporta que plantones de esta especie fueron transportados desde la antigua Zona del Canal (supongo que del Jardín Botánico Summit), a los Jardines Experimentales de Lancetilla, en Tela, Honduras, allá por 1929.

 

Sus flores en forma de mota nacen directamente del tronco y las ramas durante los meses de noviembre y diciembre, y son de un increíble color lila intenso.  Donde hay marañones curazaos en la ciudad el piso se cubre a fines de año y por no muchos días, con una hermosa y llamativa alfombra de coloridos estambres lilas. 

 

Las frutas están listas dos meses después de la floración.  Son rojas por fuera y blancas por dentro, ligeramente dulces y jugosas, pero un tanto insípidas. Me parece que es desde hace unos años que se ofrece marañón curazao a la venta en ciudad de Panamá; antes esto era más inusual, al menos para mí.

 

Sobre sus efectos medicinales se menciona que las raíces son efectivas contra la disentería y tienen efecto diurético. En el Brasil se usa como remedio de la diabetes y el constipado. Un texto sobre las esencias florales del Dr. Bach plantea que el marañón curazao “ayuda en el entendimiento de la ternura”. Hay gente por ahí que tendría que tomar nota de esta propiedad, intrínseca de las flores del árbol personaje de la Luna Llena de este mes.