4 Mayo 2015

El escurridizo “gallito”…

Un gallito (macho, a la izquierda; a la derecha se ve un pichón, de espaldas), descansando de su continuo deambular por los jardines (foto: Nefertaris Daguerre).

Autor: Jorge Ventocilla

Thamnophilus doliatus es su nombre científico.Gallito” no más, para los amigos. Esta es a mi juicio una de las aves más simpáticas de poblados y ciudades de Panamá. Si no lo conoce debe tratar de encontrarlo en su jardín o en los parques.  Pero ojo que es una de esas especies que más que verla se oye, por lo escurridiza que puede ser. Más suerte habrá si se le busca en el lugar apropiado (cerca de arbustos), y en el momento apropiado (¡cuando el gallito quiera!). 

 

¿Su tamaño? Como un azulejo, y casi siempre se mantiene oculto entre la vegetación cerca al suelo, en jardines, arboladas y terrenos abandonados. Un ave ciertamente atractiva: el macho tiene el cuerpo todo rayado de negro y blanco y la hembra es marrón con algunas rayas blancas y negras en la cabeza. Ambos tienen una cresta de plumas que levantan cuando cantan y al hacerlo mueven a la vez la cola de arriba a abajo y abren mucho sus pequeños ojitos. Macho y hembra por lo general cantan juntos, en dueto. 

 

Comen insectos, dice la literatura que sobre todo hormigas. Para ser sincero, nunca había tenido la oportunidad de ver un nido de Gallito, aunque entendía que los hacían utilizando yerba seca y palitos y que los colgaban de arbustos. Hasta que Nefertaris Daguerre, colega bióloga residente en San Antonio (San Miguelito), me entregó unas fotografías que tomó del nido que construyeron en su jardín.  

 

Su canto es un fuerte “…¡ko-ko-ko-ko-koorrrríp!” , y tiene también otras llamadas más cortas. Cuando tenga la oportunidad, trate de aprender a reconocer este canto, así sabrá cuando el gallito anda cerca aunque no se deje ver. Puede escuchar este canto en http://www.xeno-canto.org/225316. “Cara de loco” le dicen también al gallito en El Salvador y otros países de Latinoamérica. Pueda que el nombre sea poco considerado hacia el ave, pero cuando vea por primera vez al gallito seguramente estará de acuerdo con los hermanos salvadoreños.

 

Algunas especies de esta familia de aves, (Formicariidae, la familia de los “hormigueritos”), siguen por la selva a las voraces hormigas guerreras, esas a las que también las llaman “marabuntas”, para comerse a los insectos que salen huyendo al paso de ellas. Esta interrelación hormigas-hormigueritos tiene su grado de complejidad y desde hace décadas ha sido estudiada por biólogos del Smithsonian en la Isla de Barro Colorado y en la “Carretera del Oleoducto” (Parque Nacional Soberanía).

Un gallito hembra en su nido (foto: Nefertaris Daguerre).

Pero tratándose de Panamá, no tenemos que ir lejos si se quiere aprender de la naturaleza. El profesor Víctor Tejera y sus estudiantes Ana Jiménez y  Ricardo Pérez, presentaron en el VII Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología (2001), un interesante estudio sobre la anidación del hormiguerito en el campus universitario de la ciudad capital.

 

Quiero terminar esta Luna Llena haciendo referencia a la partida de este mundo de un ser humano que, como decía José Martí, “fue de aquellos a quienes la naturaleza se revela, y se abre.” Se nos fue Eduardo Galeano y ya no tenemos quién nos cante las verdades como él las supo cantar. En su obra escrita, queda Galeano en este mundo ya para siempre. Ojalá los adultos que conocen de sus libros hablen de él a niños y jóvenes, para que no se lo pierdan. 

 

Como el abrazo que me hubiera gustado darle, dejo aquí un texto suyo:

 

De los topos, aprendimos a hacer túneles.
De los castores, aprendimos a hacer diques.

De los pájaros, aprendimos a hacer casas.

De las arañas, aprendimos a tejer.
Del tronco que rodaba cuesta abajo, aprendimos la rueda.
Del tronco que flotaba a la deriva, aprendimos la nave.
Del viento, aprendimos la vela...

¿Quién nos habrá enseñado las malas mañas?   

¿De quién aprendimos a atormentar al prójimo
y a humillar al mundo?