27 Oct 2015

El Changamé y la agricultura en Isla Gobernadora

Por: Jorge Ventocilla

drriss / CC BY-NC-SA 2.0

 

- “¿Usted sembró este año?” pregunté a Hernán, quien manejaba la lancha en la que salíamos de isla Gobernadora.

- “¡Qué va!” me respondió. “Para qué voy a sembrar, si el changamé se lo come todo…”

En el interior del país se usa el nombre correcto de esta ave: changamé. En ciudad de Panamá le llamamos “talingo” pero ese nombre corresponde a otra especie, conocida también como “garrapatero”, y de la cual hay tres especies, todas del género Crotophaga

Quiscalus mexicanus es el nombre en latín del changamé. Extenso hemos conversado ya sobre el changamé en la Luna de  enero 2013 (http://www.biomuseopanama.org/es/boletin/chango-el-enlutado-cantor). Pero quisiera volver al tema porque si bien en las ciudades el aumento de sus poblaciones nos causa molestias, en isla Gobernadora, en el Golfo de Montijo, Veraguas, el changamé  pareciera que está dando el puntillazo final a tradiciones agrícolas esenciales.

Gobernadora vista desde isla Cébaco. Foto de Jorge Ventocilla.

-“Yo tengo dos-tres años que ya no siembro”, me dijo Ubaldino Castillo, otro poblador de Gobernadora. “Hoy, en toda la isla, si acaso son seis personas que tienen su parcelita de agricultura: Vidal, José María… El resto nada. Compran el arroz, el maíz que consumen…”. 

Ubaldino nació en 1962  y según me cuenta no fue hasta cuando tenía unos 24 años que conoció al changamé aquí en Gobernadora. Antes lo había visto en la capital, en uno de esos viajes que hacen los isleños a la ciudad para juntar “alguito” de fondos.

En comparación a su vecina isla Cébaco, Gobernadora es diez veces más pequeña. Tiene unas 800 hectáreas de superficie y alrededor de 350 almas. Predominan los apellidos Castillo, Alfonso y Guevara y la gente se ha dedicado tradicionalmente a la agricultura y a la pesca. Cosa curiosa pero digna de resaltar: en los años 70 decidieron que no les convenía tener ganadería - sobre todo por el impacto en sus quebradas y fuentes de agua - y desde entonces sacaron a las vacas de la isla. No conozco otra comunidad así.

 -“En ese entonces, antes del changamé, había otro pájaro, también negrito pero más chiquito. Tordito le llamábamos”, siguió contándome Ubaldino. “Hacia daño al arroz, al maíz, pero poquito. Hoy ya no quedan torditos en la isla. Ni la titibúa azul, porque el changamé los desplazó, a picotazo limpio… ¿No ha visto a usted cómo se llevan en el pico a los caricacos [cangrejos ermitaños] y los sueltan desde arriba para que se les rompa el cascarón, y bajan y se los comen? …Unos diablos son esos pájaros”.

Pilando arroz en la isla. Foto de Gregory Odry.

La distribución geográfica original del changamé abarcaba desde México hasta el norte del Perú. En otras partes le llaman zanate o chanate, chango, clarinero; a veces simplemente “tordo”, o los adornan con nombres más elaborados; como en la costa norte de Colombia donde le llaman "maríamulata". En partes de Venezuela lo han bautizado como “Pedro Luis”.

A veces también le llaman "cuervo", pero en realidad no es pariente de los cuervos verdaderos, que los ornitólogos agrupan en  la familia Corvidae. El changamé es de la familia Icteridae que incluye entre otros a las oropéndolas y a los turpiales.

El arroz nuestro de cada día, en Gobernadora. Foto de Lucie Vilar.

Leo en  un informe técnico que la alteración humana del ambiente ha causado que el ave expanda su rango de distribución, hasta incluir ahora partes de los Estados Unidos y Canadá. Para 1997 su rango llegaba tan al norte como Oregón, con algunas observaciones de individuos aislados en Canadá (¡!). Dos años más tarde se reportaba que ya estaba “..as far east as Western Arkansas” (..tan al este como al oeste de Arkansas). Por si a alguien interesa saber cuánto vive un changamé anotaré que por el anillo que tenía en una de sus patas, se supo que un individuo recapturado había vivido ya 12 años y medio.

Lo que está sucediendo en isla Gobernadora y quién sabe en otras partes del país, está relacionado directamente con ese aumento explosivo de sus poblaciones.  El ave se desplaza en bandadas y es omnívora: come de todo. En época de siembra se come los granos del maíz sembrado y las primeras hojas de la platita cuando germina; al arroz lo ataca en todas sus etapas de crecimiento, pero el daño es principalmente cuando faltan dos o tres semanas para ser cosechado: el ave al depredar la espiga se posa encima y su peso la rompe. Y su impacto es de tal intensidad, que poco a poco la gente de isla Gobernadora está dejando de sembrar estos dos productos, arroz y maíz, básicos en la agricultura de subsistencia. 

-¿Pa´qué? ¿Para alimentar ese bicho?”, me dijo en algún momento de nuestra conversación don Ubaldino Castillo.

El tema es que no se trata solamente de sembrar o no sembrar, sino de todo lo que está, digamos “culturalmente relacionado”, con las prácticas agrícolas. Y sé que me estoy metiendo en territorios que no son de mi especialidad, pero abro la puerta… 

¿Qué hacer para enfrentar a una especie que todos reconocen como “inteligente”? La gente ha intentado varias estrategias sin mayor éxito. Anidan demasiado alto, en las palmas, como para ver de controlarlos por ahí. ¿Veneno? – y discúlpenme los protectores de las aves pero es realidad que sucede – no ha servido, porque el changamé aprende y no vuelve a caer en la treta, una vez usada con otros de su bandada.  

Ivo Leblet, artista francés que reside en la isla desde el 2005, ha pensado en redes de pesca en desuso para cubrir las siembras. O quizás en ultrasonido, como usan en aeropuertos para espantar las aves que pueden ser peligro para las aeronaves. Haciendo referencia a estas posibles alternativas, Ivo me lleva con la mirada hacia las tres “manotadas” de arroz que cuelgan en su cocina: “...fue todo lo que conseguimos de nuestra ultima siembra”. Valerie, su esposa, me recuerda que además en los últimos años el changamé ha tenido que ver con la disminución en la isla de aves menores como los azulejos y los sangre de toro. Sé que esto también ha sucedido en las ciudades

Tampoco yo tengo una solución que ofrecer. Pero quisiera que esta breve nota llame la atención de alguien en las universidades y entidades científicas que realizan estudios con la fauna silvestre de Panamá. Y es que aunque tan presente - sea en las ciudades o en el campo - casi nadie ha estudiado al changamé en el país. Para “manejar” una especie, y ver cómo hacerle frente si se vuelve plaga, primero hay que estudiarla, conocerla bien. Así de sencillo. 

De ahí también la importancia de promover la investigación científica, y su aplicación práctica, en nuestros países.