13 Jun 2014

Alimentando a las aves del cielo

Por Jorge Ventocilla

Hay de todo en esta humanidad y en este mundo. “¡Qué de cosas!” decía la tía Carmen cuando se asombraba de tanto que había.
Así, entre la diversidad de seres humanos que conviven en la ciudad y en el campo, también están quienes alimentan a las aves del cielo: ciudadanos y ciudadanas que además de alimentarse a sí mismos y a quienes tienen bajo su responsabilidad, sacan un tiempo para colocar en algún recipiente o directamente sobre el patio o el jardín, un guineo, unas migas de pan o un poco de alpiste, para las aves.
En nuestra familia pertenecemos a ese grupo humano: hay en casa un comedero y disfrutamos mucho viendo las aves llegar. Y podemos afirmar que ellas nos conocen y nos pasan la voz cuando tienen hambre y no las hemos atendido.
Sé bien que otras personas entenderán: para ellas estas líneas serán un guiño de amistad cómplice pues a su manera hacen lo mismo: dan de comer a las aves silvestres de los alrededores.

No todos son la respetable abuelita que las cuida, además, de sus flores. Conozco adultos, jóvenes y niños; estudiantes de biología, de comercio y de matemáticas; empleados, desempleados y jubilados; músicos y sordos; solitarios y gregarios...
¿Y qué los mueve a alimentar a las aves? Quién sabe. Las ganas de que ellas estén más cerca para poder apreciarlas mejor, la simple curiosidad, o la conmiseración hacia criaturas débiles. A lo mejor, sencillamente, por la sensación de satisfacción que brinda el hecho de compartir con otras especies.
¿Cómo preparar un comedero? Entre más sencillo y práctico será mejor. No hay un modelo único y tampoco hay que comprarlos - importados y caros - en supermercados o tiendas de mascotas.

En casa utilizamos una estructura simple de "alambre de jaula o gallinero", con los bordes doblados y un palo en uno de los lados para que las aves se posen con comodidad. Lo colgamos del alero de la casa de tal forma que, si algún resto cae, sea sobre el jardín abajo. Por supuesto, lo mejor será escoger un lugar visible para disfrutar del espectáculo (teniendo en cuenta también no facilitar el ataque de los gatos).
Ante un guineo, una naranja partida, papaya u otra fruta, y si hay arboles cerca, de seguro vendrán las aves más comunes, como el azulejo, su primo el palmero o las cas-cás o chorotecas. A veces nos puede sorprender un pájaro carpintero a quien un poco de fruta no cae mal. Para los que comen semillas, como arroceros o tierreritas, un poco de alpiste será una grata invitación a venir.
Cierto es que mientras más cerca tengamos áreas arboladas, mayores probabilidades habrá de recibir visitantes, algunos especiales como los "verdones" o mieleros de patas rojas - de quienes en ciudad de Panamá conozco que llegan a comederos en La Cresta y Vía Argentina.
Y hasta los pericos, siempre tan cautelosos, puede que se animen a bajar de los altos cielos.

Recuerdo aquí a Martín Testa, un amigo poeta y ambientalista, coordinador además por muchos años de la Asociación Guardianes de la Naturaleza y funcionario de ANAM. Una vez, hace más de una decada, me llamó para decirme que habia soñado o se le habia ocurrido despierto – él no estaba muy seguro – el organizar un concurso de comederos, bebederos y casitas para aves. Y que ya le tenia un nombre: “Concurso Avicasitas”.  
Como sé bien que a los poetas hay que tenerlos de asesores y hacerles caso, siendo en esos años administrador del Centro de Exhibiciones Marinas de Punta Culebra, Calzada de Amador, realizamos con Martín el concurso en un mes de abril.
Entre los dos gestionamos una serie de auspicios ¡y vieran ustedes la cantidad de personas que vinieron a concursar con casas-nidos para aves hechas con sus propias manos!
Locura o pérdida de tiempo, quizás para algunos, en realidad todo lo contrario: ideas como este concurso son buenas para la ecología urbana y la educación ambiental de los ciudadanos. Y señal  también de que todavía hay gente con cordura en la capital.
 

Galeria de Fotos: 
Pericos en el comedero por J Ventocilla
Azulejo y mieleros (dos parejas) por J Ventocilla